domingo, 5 de julio de 2015

lluvia

Cuando cantas llueve. A cántaros, a mares y a océanos. Llueve aquí y también doscientos kilómetros más allá. Llueve sobre mojado. Tormenta de verano en pleno mes de julio que trae consigo el bendito olor a lluvia. Por cierto, llevo media vida preguntándome a qué sabe y aún no he conseguido averiguarlo, así que por favor, sigue cantando... 

He desarrollado mi propia teoría para explicar este fenómeno. No es que cantes mal, aunque es justo admitir que de vez en cuando se te van un par de notas, pero no, no es eso... Verás, la lluvia es necesaria. Tanto que algunas sociedades la consideran reliquia. Plantaciones enteras sobreviven gracias a ella. Los ríos son más fuertes (o más caudalosos), y los mares recargan su energía cuando cae sobre ellos. La lluvia saca a pasear a los paragüas y también a sus dueños. Aunque a veces sean tan necios que no sepan que una de las mejores sensaciones de la vida es bailar bajo ella. Por eso, cada vez que llueve sé que estás poniendo voz a alguna melodía. 

Cuando cantas llueve. Llueve porque todo tú eres vida y desprendes vitalidad a cada paso, en cada nota, suficiente para abastecer a un planeta entero. Así que, amor, nunca jamás dejes de cantar.