Y entre tantos torbellinos sociales, falsedades y buenas palabras que esconden envidias envueltas, tú. Tú y yo. Separados por cuerpos de todo tipo a los que ninguno sabe poner nombre y difícilmente edad. Tú y yo. Alejados por apenas diez metros pero muchos años de distancia. Hoy empieza el verano y ya ves, hemos hecho que el puto ártico se alce entre nosotros. Ya sabes lo que dicen, quién no cuida lo que tiene acaba por perderlo. Y así estamos, sin brújula ni alarma que nos de alguna pista de hacía dónde o en qué momento salir corriendo.
Te miro y veo fuego, llamas capaces de quemar hectáreas forestales. Te miro y veo rabia, nosotros que tanto nos conocemos y jamás fuimos capaces de darnos una explicación. Te miro y veo miedo, tanto amor a prueba de balas que acabamos por salir a la calle siempre con chaleco, por si acaso. Te miro y veo años, meses, semanas. Te miro y te veo. Reconozco cada mínimo surco de tu frente, tus lunares, tus pecas y me sé hasta el nombre de tus pestañas. Te reconocería entre un millón. Pero lo jodido es que que estás ahí plantado, con esa sonrisa tuya de siempre y yo ya no sé ni quién coño eres.