martes, 18 de febrero de 2020


me llenas.

tengo el estómago a rebosar sin haber probado alimento,
y es que las mariposas ya emprendieron su vuelo,
y dieron paso a una bandada de pájaros
que revuelven todo cada vez que nos escuchan reírnos.

mi cabeza está repleta de ilusiones y proyectos de futuro,
que piden a gritos acomodarse junto a tu cama,
que les dejes un hueco, y si no es mucho pedir,
también el pijama.

y es que no sé que haces para verter tanto bien en mi.
siento que ahora soy más guapa, más inteligente,
y también más simpática.
siento que tengo la confianza para hacer lo que me proponga,
y tocar a saturno y convertirme en hada.

y es que, cariño,
me llenas tanto,
que ya no recuerdo lo que se siente
cuando se está vacío.

sábado, 20 de abril de 2019

Re-conectarnos

Somos una canción pausada en el segundo en el que emprendimos el vuelo. Desde luego, una de mis favoritas. De las que siempre quiero escuchar porque su letra parece haber conseguido la atemporalidad plena.  Una de esas que siempre están en el reproductor porque es necesaria. Porque sin ella muchos momentos se hubieran quedado sin banda sonora y porque quieres escucharla una y otra vez para entender el significado de su letra completa. 

Lo bueno de la música es que siempre está. Nadie puede borrar del mapa una canción publicada. Aunque no suene durante meses. Siempre estará ahí, a tan solo un “play” de distancia. O si me apuras, a una llamada telefónica. Siempre viene a salvarnos, a ser la banda sonora de nuestras mejores fiestas y nuestros peores funerales.


Por eso, a veces basta con escribir las iniciales e iniciar la canción para que todo vuelva a su lugar. re-conectarnos para volver a casa. Porque eso eres, hogar aunque estés lejos. 


20/04/2019.
Reencuentros.

martes, 27 de noviembre de 2018


Emilia vino a Bilbao cuando era muy joven, como muchos en aquella época a ganarse la vida trabajando y buscando un futuro. Amó esta ciudad como a ninguna otra. Ella siempre decía que Bilbao le dió todo, entre otras muchas cosas fue aquí donde conoció a su único y verdadero amor, al que quiso y acompañó durante todos y cada uno de los días de su vida. Poco a poco fue formando una familia, cuidándola y dedicándola todo el cariño que le cabía en su poco más de metro cincuenta, regalándonos valores y lecciones de vida a cada paso que avanzaba.


Cuando alguien me pregunta cómo era mi amama nunca sé por dónde empezar. Es difícil describir a alguien tan único y entrañable con palabras cuando lo verdaderamente importante no las tiene.


Amama es la primera llamada que recibes el día de tu cumpleaños pero también quien se acuerda de ti los 364 días restantes. Amama es la que nunca falta a un evento, la que siempre te anima a seguir. Amama es la que siempre abre su casa a quién la necesite, con un plato encima de la mesa. La que viaja, la que hace gimnasia, la que baila con sus amigas, la que lleva pantalones y ya no quiere volver a las faldas. Amama es fuerza, nervio, alegría, optimismo, valentía, disponibilidad, superación.


Su última etapa ha sido más complicada, la mayoría de los que estáis aquí ya lo sabéis. Sin embargo, ella siempre ha sabido sobreponerse a todas las adversidades que iba encontrando por el camino, apoyándose en los suyos, en los de todos los días, para coger impulso. No puedo explicaros lo que ha luchado por agarrarse a la vida y no caerse porque es casi inhumano. A sus 90 años recién estrenados tenía ganas de reír y pasarlo bien con cualquiera que se cruzara en su camino. Ella siempre será nuestro ejemplo a seguir de tesón y superación.


Amama siempre decía que la vida hay que disfrutarla, que es un cuento y empieza y termina en un parpadeo. Por eso, si algo me gustaría resaltar de ella son sus ganas de vivir y disfrutar cada momento. Para nosotros amama es y siempre será una gran amante de la vida.
 
Emilia, ama, amama, amama Emilia, te queremos muchísimo, ya lo sabes.

lunes, 28 de mayo de 2018

Cuando entré por primera vez al centro en el que trabajo llevaba conmigo una maleta llena de miedos y algún que otro estigma social.
A medida que pasaban los días cambié la maleta por una mochila. Y la mochila por una bandolera. A día de hoy apenas me queda equipaje.
Un cuaderno para apuntar y poco más.

Le doy gracias a la vida por darme la oportunidad de estar donde estoy. De ver la vida con otras manos, escucharla con otros ojos y olerla a base de sabores. Y sobretodo por aprender a disfrutar de las cosas pequeñas. De los tiempos y las esperas. De las miradas sin palabras y los lanzamientos de pelota. A veces se nos olvida que es más importante jugar que ganar. 

Estoy experimentando una infinidad de sensaciones nuevas. Nadie me había abrazado cada mañana con la mejor de sus sonrisas como lo hace R. Tampoco nadie me había dicho antes tantas cosas sin palabras como lo hace A.   

Nos miro y veo que el mundo puede ser un lugar mejor. Que a pesar de todo lo malo que hay queda mucho amor en el mundo e infinidad de maneras de entregarlo. 

Quiero más de esto. De todo lo bueno. Quiero empaparme de esta alegría de vivir y llevarla conmigo cada día a donde quiera que me lleve el destino. 


domingo, 4 de diciembre de 2016

entre lo que digo y lo que pienso.

entre lo que digo y lo que pienso hay varios kilómetros de reflexión y unas cuantas curvas de improvisación. ésas me pillan siempre por sorpresa. 

las carreteras no son demasiado malas, pero algunos tramos necesitan urgente revisión. lo que digo y lo que pienso son dos ciudades vecinas del norte a las que viajo, por motivos vitales, todos los días del año. lo mejor del trayecto son los acantilados que se asoman tras el asfalto. 

lo que pienso es la ciudad donde nací. preciosa, sin duda. ha sufrido una transformación brutal en los últimos veintidós años. antes, era un espacio tan rural como inocente, en el que todos días eran festivos. ahora, hay un tráfico imposible a todas las horas puntas y durante algunos periodos del año, sólo es posible transitar en bicicleta. hay demasiada contaminación mediática y humana como para continuar vertiendo gases a ese gran proyecto a largo plazo llamado personalidad. allí están las personas más importantes de mi vida, las que me dejan o me dejaron huella. son los quiero tener siempre cerca, aunque sea para reírnos mientras tomamos unas cervezas en mi parque preferido: el de los recuerdos. 

lo que digo es la ciudad en la que trabajo. todos los días envío mi carta de presentación a alguno de sus ciudadanos, en busca de entendimiento. y a veces lo consigo. mi avenida favorita es la de la educación. ahí pasé los mejores años de mi infancia. pero también hay otras calles que frecuento a menudo: la del miedo es la peor de todas. suele haber mucho ruido pero por las noches, todo se queda en silencio. un silencio horrible que paraliza a todo el que se atreva a pasar por allí. está también la calle de la sinceridad. uf, a veces solo mirarla da vértigo, con todos esos grandes e importantes edificios observando. lo mejor de todo, es que al fondo está el mar. y las vistas, o el baño, según la estación o la compañía, desde luego que merecen la pena. la calle del arrepentimiento y la de la gratitud, son las bocacalles de la sinceridad. me gustan, ambas dos. me hacen sentirme más humana cada vez que paso por allí.  


entre lo que digo y lo que pienso hay mentiras y verdades, hay túneles, puentes y abismos sólo aptos para funambulistas con muchos años de experiencia. hay palabras prudentes y otras que podrían hacer volar por lo aires todo esto que nos rodea. hay ideas, sueños, historias y toda clase de pensamientos íntimos. y a medio camino entre lo que (te) digo y lo que (te) pienso, estoy yo. Y allí, estás tú, entre lo que (me) dices y lo que (me) piensas. ambos sentados en el mismo sofá, a la misma hora y el mismo día del calendario tratando de medir con tres decimales el significado de cada palabra, como si eso fuera posible. y qué putadas nos hacen los ojos a veces, ellos no, por fortuna, ellos no saben disimular.

viernes, 24 de junio de 2016

nosotros que fuimos.

Gente que se abraza, se saluda, se toca. Gente que se oye pero no se escucha. Dos vecinos coinciden después de años sin verse, una familia se aburre y busca algo ajeno que llame su atención. Dos parejas de la mano y un par de amigos bromean en la esquina.

Y entre tantos torbellinos sociales, falsedades y buenas palabras que esconden envidias envueltas, tú. Tú y yo. Separados por cuerpos de todo tipo a los que ninguno sabe poner nombre y difícilmente edad. Tú y yo. Alejados por apenas diez metros pero muchos años de distancia. Hoy empieza el verano y ya ves, hemos hecho que el puto ártico se alce entre nosotros. Ya sabes lo que dicen, quién no cuida lo que tiene acaba por perderlo. Y así estamos, sin brújula ni alarma que  nos de alguna pista de hacía dónde o en qué momento salir corriendo. 

Te miro y veo fuego, llamas capaces de quemar hectáreas forestales. Te miro y veo rabia, nosotros que tanto nos conocemos y jamás fuimos capaces de darnos una explicación. Te miro y veo miedo, tanto amor a prueba de balas que acabamos por salir a la calle siempre con chaleco, por si acaso. Te miro y veo años, meses, semanas. Te miro y te veo. Reconozco cada mínimo surco de tu frente, tus lunares, tus pecas y me sé hasta el nombre de tus pestañas. Te reconocería entre un millón. Pero lo jodido es que que estás ahí plantado, con esa sonrisa tuya de siempre y yo ya no sé ni quién coño eres.

de lo que el miedo se lleva

Yo que lo he visto y lo he sentido en primera persona, puedo hablar del mayor huracán que jamás ha pisado tierra: el miedo. El puto rey del carnaval, el ganador de todos los concursos de disfraces, siempre a punto para jodernos el siguiente paso, para desahuciarnos el mañana, creyéndose con derecho a nombrarse propietario.

Conozco miedos que me doblan en estatura y edad, que saben a quemado y viven bajo tierra. También sé de algunos irracionalmente cuerdos y otros que saben de carteras vacías y cabezas llenas. Palidecer en instantes no es un mito, enserio. He visto a valientes con escudos y chaleco antibalas, no vaya a ser que se les desgaste el adjetivo. Me presentaron a miedos que viven en pupilas, en gritos ahogados, en películas de ciencia ficción. No peores que alguno temores en kilos de más (o de menos), en famas frustradas, en migraciones sin sentido. Les he visto correr a la velocidad del viento, nadar entre temporales y volar junto a kamikazes.


No nos engañemos y aceptemos de una jodida vez, que esos hijos de puta vienen de serie, para ponernos a prueba, mente y cuerpo enfrentándose al examen más complicado de la carrera. Cuídate, (cuídalos) de ellos, pero sobretodo protege cada latido porque el peor miedo que existe es el que nos impide querer. Si alcanzan eso, entonces sí estamos perdidos.