viernes, 24 de junio de 2016

nosotros que fuimos.

Gente que se abraza, se saluda, se toca. Gente que se oye pero no se escucha. Dos vecinos coinciden después de años sin verse, una familia se aburre y busca algo ajeno que llame su atención. Dos parejas de la mano y un par de amigos bromean en la esquina.

Y entre tantos torbellinos sociales, falsedades y buenas palabras que esconden envidias envueltas, tú. Tú y yo. Separados por cuerpos de todo tipo a los que ninguno sabe poner nombre y difícilmente edad. Tú y yo. Alejados por apenas diez metros pero muchos años de distancia. Hoy empieza el verano y ya ves, hemos hecho que el puto ártico se alce entre nosotros. Ya sabes lo que dicen, quién no cuida lo que tiene acaba por perderlo. Y así estamos, sin brújula ni alarma que  nos de alguna pista de hacía dónde o en qué momento salir corriendo. 

Te miro y veo fuego, llamas capaces de quemar hectáreas forestales. Te miro y veo rabia, nosotros que tanto nos conocemos y jamás fuimos capaces de darnos una explicación. Te miro y veo miedo, tanto amor a prueba de balas que acabamos por salir a la calle siempre con chaleco, por si acaso. Te miro y veo años, meses, semanas. Te miro y te veo. Reconozco cada mínimo surco de tu frente, tus lunares, tus pecas y me sé hasta el nombre de tus pestañas. Te reconocería entre un millón. Pero lo jodido es que que estás ahí plantado, con esa sonrisa tuya de siempre y yo ya no sé ni quién coño eres.

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